noviembre 30, 2015

Evangelio Noviembre 30, 2015

Día litúrgico: 30 de Noviembre: San Andrés, apóstol

Texto del Evangelio (Mt 4,18-22): En aquel tiempo, caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dice: «Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres». Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron. 

«Os haré pescadores de hombres»
Prof. Dr. Mons. Lluís CLAVELL - (Roma, Italia)

Hoy es la fiesta de san Andrés apóstol, una fiesta celebrada de manera solemne entre los cristianos de Oriente. Fue uno de los dos primeros jóvenes que conocieron a Jesús a la orilla del río Jordán y que tuvieron una larga conversación con Él. Enseguida buscó a su hermano Pedro, diciéndole «Hemos encontrado al Mesías» y lo llevó a Jesús (Jn 2,41). Poco tiempo después, Jesús llamó a estos dos hermanos pescadores amigos suyos, tal como leemos en el Evangelio de hoy: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres» (Mt 4,19). En el mismo pueblo había otra pareja de hermanos, Santiago y Juan, compañeros y amigos de los primeros, y pescadores como ellos. Jesús los llamó también a seguirlo. Es maravilloso leer que ellos lo dejaron todo y le siguieron “al instante”, palabras que se repiten en ambos casos. A Jesús no se le ha de decir: “después”, “más adelante”, “ahora tengo demasiado trabajo”...

También a cada uno de nosotros —a todos los cristianos— Jesús nos pide cada día que pongamos a su servicio todo lo que somos y tenemos —esto significa dejarlo todo, no tener nada como propio— para que, viviendo con Él las tareas de nuestro trabajo profesional y de nuestra familia, seamos “pescadores de hombres”. ¿Qué quiere decir “pescadores de hombres”? Una bonita respuesta puede ser un comentario de san Juan Crisóstomo. Este Padre y Doctor de la Iglesia dice que Andrés no sabía explicarle bien a su hermano Pedro quién era Jesús y, por esto, «lo llevó a la misma fuente de la luz», que es Jesucristo. “Pescar hombres” quiere decir ayudar a quienes nos rodean en la familia y en el trabajo a que encuentren a Cristo que es la única luz para nuestro camino.
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Fuente: evangeli.net

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noviembre 29, 2015

Evangelio Noviembre 29, 2015

Día litúrgico: Domingo I (C) de Adviento 

Texto del Evangelio (Lc 21,25-28.34-36): En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.

»Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre».


«Estad en vela (...) orando en todo tiempo para que (...) podáis estar en pie delante del Hijo del hombre»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench - (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, justo al comenzar un nuevo año litúrgico, hacemos el propósito de renovar nuestra ilusión y nuestra lucha personal con vista a la santidad, propia y de todos. Nos invita a ello la propia Iglesia, recordándonos en el Evangelio de hoy la necesidad de estar siempre preparados, siempre “enamorados” del Señor: «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida» (Lc 21,34).

Pero notemos un detalle que es importante entre enamorados: esta actitud de alerta —de preparación— no puede ser intermitente, sino que ha de ser permanente. Por esto, nos dice el Señor: «Estad en vela, pues, orando en todo tiempo» (Lc 21,36). ¡En todo tiempo!: ésta es la justa medida del amor. La fidelidad no se hace a base de un “ahora sí, ahora no”. Es, por tanto, muy conveniente que nuestro ritmo de piedad y de formación espiritual sea un ritmo habitual (día a día y semana a semana). Ojalá que cada jornada de nuestra vida la vivamos con mentalidad de estrenarnos; ojalá que cada mañana —al despertarnos— logremos decir: —Hoy vuelvo a nacer (¡gracias, Dios mío!); hoy vuelvo a recibir el Bautismo; hoy vuelvo a hacer la Primera Comunión; hoy me vuelvo a casar... Para perseverar con aire alegre hay que “re-estrenarse” y renovarse.

En esta vida no tenemos ciudad permanente. Llegará el día en que incluso «las fuerzas de los cielos serán sacudidas» (Lc 21,26). ¡Buen motivo para permanecer en estado de alerta! Pero, en este Adviento, la Iglesia añade un motivo muy bonito para nuestra gozosa preparación: ciertamente, un día los hombres «verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria» (Lc 21,27), pero ahora Dios llega a la tierra con mansedumbre y discreción; en forma de recién nacido, hasta el punto que «Cristo se vio envuelto en pañales dentro de un pesebre» (San Cirilo de Jerusalén). Sólo un espíritu atento descubre en este Niño la magnitud del amor de Dios y su salvación (cf. Sal 84,8).
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Fuente: evangeli.net

Estampita y Oración, Primera Semana de Adviento







Estampita y Oración, Primera Semana de Adviento

Primer Domingo de Adviento, para Rezar en Familia durante el Tiempo de Adviento


Primer Domingo de Adviento, para Rezar en Familia durante el Tiempo de Adviento

Oración para el Primer Domingo de Adviento, Estampita


Oración para el Primer Domingo de Adviento

Primer Domingo de Adviento, “El Señor que viene”


Primer Domingo de Adviento
“El Señor que viene”


»Vienen días —afirma el Señor—,
en que de la simiente de David
haré surgir un vástago justo;
él reinará con sabiduría en el país,
y practicará el derecho y la justicia.
En esos días Judá será salvada,
Israel morará seguro.
Y éste es el nombre que se le dará:
“El Señor es nuestra salvación.”

»Por eso —afirma el Señor— vienen días en que ya no se dirá: “Por la vida del Señor, que hizo salir a los israelitas de la tierra de Egipto”, sino: “Por la vida del Señor, que hizo salir a los descendientes de la familia de Israel, y los hizo llegar del país del norte, y de todos los países adonde los había expulsado.” Y habitarán en su propia tierra.»

Jeremías 23:5-8 (Predicación)

“El diablo y sus secuaces se encontraban elaborando planes para que la gente rechazara el Evangelio. “Vamos a ir a ellos y le diremos que no hay Dios”, propuso uno. Reinó el silencio. Cada diablo sabía que la mayoría de la gente cree en un ser supremo. “Vamos a decirles que no hay infierno, que no hay futuro castigo para los malos”, sugirió otro. También fue rechazado, porque la gente tiene, obviamente, una conciencia que les dice que el pecado debería ser castigado. El conclave iba a terminar en fracaso cuando se oyó una voz desde atrás que dijo: “Díganles que hay un Dios, que hay un infierno y que la Biblia es la Palabra de Dios, pero también díganles que hay un montón de tiempo para decidirse. Déjenles que “descuiden” el Evangelio, hasta que sea demasiado tarde. Todo el infierno estalló en una alegría macabra, porque sabían que si una persona se demoraba en decidirse por Cristo, por lo general nunca lo haría”.

Si ustedes observan bien, lo que hemos leído recién como texto de predicación fue una lectura del Antiguo Testamento. Una lectura del libro del profeta Jeremías, en este caso una profecía. Una profecía que, habla sobre un Señor salvador. Incluso de un salvador cuyo acto de salvación sería mejor considerado que, las proezas hasta entonces tenidas en cuenta. Una salvación que tendría mayor magnitud que la epopeya misma del éxodo. Esta profecía, lógicamente dirigida hacia el pueblo de Israel, atraviesa sin embargo las épocas y llega hasta los hebreos contemporáneos de Jesús y hasta nosotros hoy, e incluso hasta personas de cualquier creencia. Habla sobre la importancia del suceso salvífico de Jesucristo. Habla a fin de cuentas de que el sumo salvador es Jesucristo el Hijo de Dios. El es el mesías, el único elegido por Dios para traer la salvación al mundo. La primera pregunta en esta mañana podría ser: ¿Tú crees esto?

El pueblo hebreo esperaba un mesías, un elegido por Dios. Aunque muchas veces este mesías se representaba en la mentalidad de los israelitas como un héroe de tipo secular, de acciones políticas. No comprendían la dimensión espiritual de este elegido. La bendición que este mesías traería no sería sólo para los días en la tierra, sino que también que ofrecería la salvación, es decir el poder ser verdaderos hijos de Dios. La mayoría de los hebreos no aceptaron esta oferta de salvación. ¿La hemos aceptado nosotros que, nos decimos cristianos?

La lectura del Evangelio de Lucas para este domingo, nos confirma esto mismo precisamente, pero ya para los tiempos del nuevo Testamento. En esos tiempos, un hombre comienza a profetizar también por medio del Espíritu Santo que, la salvación ha llegado a este mundo. Un anuncio de fe y de esperanza es hecho de parte de Zacarías, el padre de Juan el bautista. La pregunta más importante que hoy queremos formularnos es: ¿Sabemos qué es la salvación?

¿Qué significa concretamente la palabra salvación? Para muchos esta palabra no tiene mucho sentido. Se preguntan: ¿Salvarme de qué? ¿Salvarme del infierno quizás? ¿No suenan todas estas preguntas, para nosotros hoy, como anticuadas o pasadas de moda? Hay mucha gente que aún hoy en día no puede entender la Biblia. Una vez un pariente mío me dijo que, no podía entender el lenguaje de la Biblia que, le parecía estar leyendo una obra literaria antigua y de locuciones arcaicas. Quizás sea verdad, a veces los cristianos tenemos parte de responsabilidad a la hora de actualizar correctamente las versiones bíblicas y otras veces tenemos la responsabilidad de no llegar con un mensaje conciso y directo desde la Palabra a aquellos que demuestran interés sincero por Dios.

Según el diccionario salvar(se) significa: “Librar de un riesgo o peligro, poner en seguro”. Cuando en la iglesia hablamos de salvación no hablamos de otra cosa que ponernos a resguardo –y obtener la protección y beneplácito de Dios.

Hablamos que los cristianos somos “hijos” de Dios. Esto significa que existe una filiación con Dios, una relación tal como la de padre o madre hacia un hijo. En esa relación afectuosa existe un interés de cuidar, de proteger, de permitir la prolongación de la vida. Pero para que eso suceda entre Dios y nosotros se debe establecer o certificar esa relación. Dios nos ofrece adoptarnos como hijos para ello. Como en una adopción, los padres se ofrecen con amor y entrega desinteresada a ocuparse de niños huérfanos. Hasta tanto nosotros no aceptemos esa adopción, seguiremos siendo huérfanos con las inseguridades que eso puede implicar para nosotros.

La mayor inseguridad es la falta de salvación o perdición. Perdernos la vida eterna, prometida por Dios más allá de esta vida en la tierra y la plenitud posible de bendiciones, otorgada también por Dios en esta vida para los que son sus hijos. De esto último también la Biblia por todas partes da fe de ello.

La fe cristiana, en muchos casos se nos ha transmitido por medio de la fe de nuestros padres, como parte de una educación. Pero por sobre todo se nos transmite constantemente por medio de la Biblia que, para nosotros cristianos es la palabra de Dios. La Biblia es texto escrito por seres humanos, pero inspirados por el Espíritu Santo de Dios, así como la profecía de Jeremías o la de Zacarías. Y eso have de la Biblia ya no más texto de hombres sino de Dios.

Para los judíos contemporáneos de Jesús, era difícil aceptar que Jesús era el Mesías, el escogido de Dios para traer las buenas nuevas de salvación. Hoy, para muchos, también, es difícil aceptar esta palabra de Jesucristo. Muchas veces hablamos, que creer es un don de Dios. Y es efectivamente así, si pensamos en tantas personas que no pueden creer.

En este primer domingo de Adviento recordamos que el Señor viene. El no viene sólo como parte de la celebración de Adviento o la Navidad. Así como lo anunciamos el domingo pasado él viene pronto, en su segunda venida. ¿Estamos preparados para recibirlo? ¿Podemos decir que pertenecemos a su familia, que somos verdaderamente hijos adoptivos de Dios? Una vez en un sitio web donde se produjo un debate entre la gente, una persona escribió:

“Pero si sólo Jesucristo es la salvación, ¿qué pasará con todos aquellos que no son cristianos, que son judíos, budistas, etc. que no han tenido la oportunidad de conocer o de aceptar a Cristo? “

Esta es una pregunta interesante. Aunque poco tiene que ver, y para nada echa por tierra la divinidad del Salvador. No sabemos lo que sucederá con esas personas. No tenemos ni la sabiduría, ni la clarividencia para eso. Sólo Dios es omnisciente. Lo único que Dios nos pide es aceptarle a él y tener la confianza de pertenecer a su familia. Estar preparados significa sólo aceptar su mensaje de buenas nuevas, aceptar creer en él como Dios Padre creador, Hijo salvador y Espíritu Santo reconfortador y fortalecedor.

Aceptar creer en él, no es otra cosa que aceptar consigo la oferta de su salvación.

“La vida del cristiano consiste en pronombres posesivos”, dijo Martín Lutero. Una cosa es decir: “Cristo es el Salvador”, y otra cosa es decir: “El es mi Salvador y mi Señor.” El diablo puede decir la primera cosa, sólo un verdadero cristiano puede decir la segunda.

Seguramente has sido educado en la fe desde niño. Seguramente al igual que yo, hayas sido bautizado también de niño como muchas personas de nuestra fe. Esto es algo muy hermoso, poder pertenecer a la familia de Dios, habiendo sido criado en la fe desde pequeño. Podemos decir que, si esto es así en tu vida eso significa una bendición de Dios. Pero para que toda esa bendición de Dios pueda convertirse en una certeza plena de salvación have falta un ingrediente más. Ese ingrediente es la fe. La fe no es otra cosa que poder creer plenamente en Dios, revelado por medio de su Palabra, la Biblia. Es así que, por eso se dice también en la Biblia: “El justo por la fe vivirá” (Gálatas 3:11).

Sabemos que la salvación, en primer lugar, se alcanza por la fe que depositamos en un Dios redentor. Poder creer en ese Dios, significa creer también en su palabra. ¿Podrías decir con todo tu corazón que crees en Dios y en su Palabra? ¿Podrías hoy decir que, esa fe te impulsa a creer en todo su poder celestial y que ese poder celestial también quiere manifestarse en tu vida terrenal, en tu vida de todos los días ya también desde ahora? ¿Puedes decir que tu Dios, además de ser un Dios que te promete la salvación es un Dios que está mostrándote sus bendiciones en tu vida presente?

Pues ese Señor que viene, es el único que promete la salvación y el que tiene todas las respuestas para las preguntas que te puedas estar formulando.

Que en este tiempo de Adviento que hoy comienza, el Espíritu Santo pueda fortalecer nuestra fe en Cristo que nos asegura la salvación prometida por su Padre. Amén.

Salmo: 24
Epístola: Ro 13:8-14
Evangelio: Lc 1:67-79

El Primer Domingo de Adviento se encuentra bajo la señal del Evangelio de la entrada de Jesús en Jerusalén (la otra lectura del Evangelio propuesto: Mt 21:1-9). Hay que decir que, esta narración no tiene nada que ver con el Adviento y mucho menos con la Navidad. Pero cuando se va pensando más profundamente, se nos ocurre que sí, en estos tiempos podemos saludar de la misma forma a nuestro Señor como la gente de aquel entonces en Jerusalén – como el hijo de David, el Mesías- y que poco después despreciaron y lo llevaron a la cruz.

Con el Primer Domingo de Adviento comenzamos el nuevo Año de la Iglesia. Saludamos al Señor y Rey de este mundo y nos alegramos que él haya venido y nos haya permitido comenzar a ser parte de su comunidad con nuestro prójimo.
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Fuente: aprenderapredicar.com

Sabías Que...

Sabías Que...

Como realizar una Corona de Adviento, (en 3 estampas)



Como realizar una Corona de Adviento,
(en 3 estampas)

Adviento 2015

Primer Domingo de Adviento 2015
Fecha: 29 de Noviembre 2015 (Domingo)

El adviento es el primer periodo del año
litúrgico cristiano, que consiste en un tiempo
de preparación para el nacimiento de Cristo.
Su duración puede variar de 21 a 28 días, dado
que se celebran los cuatro domingos más
próximos a la festividad de Navidad. Los fieles lo
consideran un tiempo de reflexión y de perdón.

Durante el adviento, se coloca en las iglesias y
también en algunos hogares una corona de ramas
de pino, llamada corona de adviento, con cuatro velas,
una por cada domingo de adviento.

Hay una pequeña tradición de adviento: a cada una de
esas cuatro velas se le asigna una virtud que hay
que mejorar en esa semana, por ejemplo: la primera,
el amor; la segunda, la paz; la tercera, la tolerancia
y la cuarta, la fe.
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Adviento 2015

Los 4 Domingos de Adviento 2015

Los 4 Domingos de Adviento 2015
(prender una vela cada Domingo)

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noviembre 28, 2015

Evangelio Noviembre 28, 2015

Día litúrgico: Sábado XXXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 21,34-36): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre».

«Estad en vela (...) orando en todo tiempo»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench - (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, último día del tiempo ordinario, Jesús nos advierte con meridiana claridad sobre la suerte de nuestro paso por esta vida. Si nos empeñamos, obstinadamente, en vivir absortos por la inmediatez de los afanes de la vida, llegará el último día de nuestra existencia terrena tan de repente que la misma ceguera de nuestra glotonería nos impedirá reconocer al mismísimo Dios, que vendrá (porque aquí estamos de paso, ¿lo sabías?) para llevarnos a la intimidad de su Amor infinito. Será algo así como lo que le ocurre a un niño malcriado: tan entretenido está con “sus” juguetes, que al final olvida el cariño de sus padres y la compañía de sus amigos. Cuando se da cuenta, llora desconsolado por su inesperada soledad.

El antídoto que nos ofrece Jesús es igualmente claro: «Estad en vela, pues, orando en todo tiempo» (Lc 21,36). Vigilar y orar... El mismo aviso que les dio a sus Apóstoles la noche en que fue traicionado. La oración tiene un componente admirable de profecía, muchas veces olvidado en la predicación, es decir, de pasar del mero “ver” al “mirar” la cotidianeidad en su más profunda realidad. Como escribió Evagrio Póntico, «la vista es el mejor de todos los sentidos; la oración es la más divina de todas las virtudes». Los clásicos de la espiritualidad lo llaman “visión sobrenatural”, mirar con los ojos de Dios. O lo que es lo mismo, conocer la Verdad: de Dios, del mundo, de mí mismo. Los profetas fueron, no sólo los que “predecían lo que iba a venir”, sino también los que sabían interpretar el presente en su justa medida, alcance y densidad. Resultado: supieron reconducir la historia, con la ayuda de Dios.

Tantas veces nos lamentamos de la situación del mundo. —¿Adónde iremos a parar?, decimos. Hoy, que es el último día del tiempo ordinario, es día también de resoluciones definitivas. Quizás ya va siendo hora de que alguien más esté dispuesto a levantarse de su embriaguez de presente y se ponga manos a la obra de un futuro mejor. ¿Quieres ser tú? Pues, ¡ánimo!, y que Dios te bendiga.
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Fuente: evangeli.net

noviembre 27, 2015

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Evangelio Noviembre 27, 2015

Día litúrgico: Viernes XXXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 21,29-33): En aquel tiempo, Jesús puso a sus discípulos esta comparación: «Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

«Cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca»
Diácono D. Evaldo PINA FILHO - (Brasilia, Brasil)

Hoy somos invitados por Jesús a ver las señales que se muestran en nuestro tiempo y época y, a reconocer en ellas la cercanía del Reino de Dios. La invitación es para que fijemos nuestra mirada en la higuera y en otros árboles —«Mirad la higuera y todos los árboles» (Lc 21,29)— y para fijar nuestra atención en aquello que percibimos que sucede en ellos: «Al verlos, sabéis que el verano está ya cerca» (Lc 21,30). Las higueras empezaban a brotar. Los brotes empezaban a surgir. No era apenas la expectativa de las flores o de los frutos que surgirían, era también el pronóstico del verano, en el que todos los árboles "empiezan a brotar".

Según Benedicto XVI, «la Palabra de Dios nos impulsa a cambiar nuestro concepto de realismo». En efecto, «realista es quien reconoce en el Verbo de Dios el fundamento de todo». Esa Palabra viva que nos muestra el verano como señal de proximidad y de exuberancia de la luminosidad es la propia Luz: «Cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca» (Lc 21,31). En ese sentido, «ahora, la Palabra no sólo se puede oír, no sólo tiene una voz, sino que tiene un rostro (...) que podemos ver: Jesús de Nazaret» (Benedicto XVI).

La comunicación de Jesús con el Padre fue perfecta; y todo lo que Él recibió del Padre, Él nos lo dio, comunicándose de la misma forma con nosotros. De esta manera, la cercanía del Reino de Dios, —que manifiesta la libre iniciativa de Dios que viene a nuestro encuentro— debe movernos a reconocer la proximidad del Reino, para que también nosotros nos comuniquemos con el Padre por medio de la Palabra del Señor —Verbum Domini—, reconociendo en todo ello la realización de las promesas del Padre en Cristo Jesús.
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Fuente: evangeli.net

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noviembre 26, 2015

Evangelio Noviembre 26, 2015

Día litúrgico: Jueves XXXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 21,20-28): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella; porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito.

»¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y cólera contra este pueblo; y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación».
«Cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación»

Fray Lluc TORCAL Monje del Monasterio de Sta. Mª de Poblet
(Santa Maria de Poblet, Tarragona, España)

Hoy al leer este santo Evangelio, ¿cómo no ver reflejado el momento presente, cada vez más lleno de amenazas y más teñido de sangre? «En la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo» (Lc 21,25b-26a). Muchas veces, se ha representado la segunda venida del Señor con las imágenes más terroríficas posibles, como parece ser en este Evangelio, siempre bajo el signo del miedo.

Sin embargo, ¿es éste el mensaje que hoy nos dirige el Evangelio? Fijémonos en las últimas palabras: «Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación» (Lc 21,28). El núcleo del mensaje de estos últimos días del año litúrgico no es el miedo, sino la esperanza de la futura liberación, es decir, la esperanza completamente cristiana de alcanzar la plenitud de vida con el Señor, en la que participarán también nuestro cuerpo y el mundo que nos rodea. Los acontecimientos que se nos narran tan dramáticamente quieren indicar de modo simbólico la participación de toda la creación en la segunda venida del Señor, como ya participaron en la primera venida, especialmente en el momento de su pasión, cuando se oscureció el cielo y tembló la tierra. La dimensión cósmica no quedará abandonada al final de los tiempos, ya que es una dimensión que acompaña al hombre desde que entró en el Paraíso.

La esperanza del cristiano no es engañosa, porque cuando empiecen a suceder estas cosas —nos dice el Señor mismo— «entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria» (Lc 21,27). No vivamos angustiados ante la segunda venida del Señor, su Parusía: meditemos, mejor, las profundas palabras de san Agustín que, ya en su época, al ver a los cristianos atemorizados ante el retorno del Señor, se pregunta: «¿Cómo puede la Esposa tener miedo de su Esposo?».
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Fuente: evangeli.net

¿Porqué celebramos el día de acción de gracias?

¿Porqué celebramos el día de acción de gracias?

Muchas personas piensan del día de acción de gracias como una maravillosa celebración, que les permite tener un largo fin de semana disfrutando de una suculenta cena. O tal vez, piensan que el día de acción de gracias es simplemente el principio de las celebraciones navideñas. ¿Cuál es el verdadero significado del día de acción de gracias? Catherine Millard escribe:

Podemos rastrear ésta histórica tradición cristiana de Los Estados Unidos, desde el año 1623. En noviembre de 1623, después de recolectar la cosecha, el gobernador de la colonia de peregrinos "Plymonth Plantation" en Plymonth, Massachusetts, declaró:
"Todos ustedes, peregrinos, con sus esposas e hijos, congréguense en la casa comunal, en la colina... para escuchar al pastor, y dar gracias a Dios todo poderoso por todas sus bendiciones."

Este es el origen de nuestra celebración anual del día de acción de gracias. En los años siguientes, el congreso de los Estados Unidos proclamó en varias ocasiones el día de acción de gracias al todo poderoso. Finalmente, el 1° de noviembre de 1777 fue oficialmente declarado como día feriado:

"para solemne acción de gracias y adoración que con un corazón y en unidad de voz, las buenas personas expresen sus sentimientos de agradecimiento, y se consagren al servicio del su divino benefactor,...y que sus humildes súplicas plazcan a Dios, por medio de los méritos de Jesucristo, quien es misericordioso para perdonar, borrando y olvidando su pecados...

Que plazca a Dios que las escuelas y seminarios de educación, tan necesarios para cultivar principios de verdadera libertad, virtud bajo su mano protectora, y prosperar la religión para la promoción y engrandecimiento de ese reino el cual consiste de paz, justicia y gozo en el Espíritu Santo..."

De nuevo, el 1º de enero de 1795, el primer presidente, George Washington, escribió su famosa proclamación de acción de gracias, en la cual él dice que es…

"nuestro deber como personas con reverente devoción y agradecimiento, reconocer nuestras obligaciones al Dios todopoderoso, e implorarle que nos siga prosperando y confirmado las muchas bendiciones que de El experimentamos..."
El jueves, 19 de febrero de 1795, George Washington apartó así ése día como el día nacional de acción de gracias.

Muchos años después, el 3 de octubre de 1863, Abraham Lincoln, proclamó por carta del congreso, un día nacional de acción de gracias. “El último jueves de noviembre, como un día de acción de gracias y adoración a nuestro padre benefactor, quien mora en los cielos” en esta proclamación de acción de gracias, el 16º presidente dice que es…

“anunciado en las Sagradas Escrituras y confirmado a través de la historia, que aquellas naciones que tiene al Señor como su Dios, son bendecidas. Pero nosotros nos hemos olvidado de Dios. Nos hemos olvidado de la mano que nos preserva en paz, nos multiplica, enriquece y fortalece. Vanamente nos hemos imaginado, por medio del engaño de nuestros corazones, que todas éstas bendiciones fueron producidas por alguna sabiduría superior y por nuestra virtuosidad.

Me ha parecido, apropiado que Dios sea solemne, reverente y agradecidamente reconocido como en un corazón y una voz, por todos los americanos…”

Por eso es que cada año en el día de acción de gracias, los americanos dan acción de gracias a Dios todopoderoso por todas sus bendiciones y misericordias durante el año.
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Autor: Catherine Millard. Extraido de A Children's Companion Guide to America's History, Horizon House Publishers, Camp Hill Pennsylvania. Supplied by Eden Communications. Copyright © 1995, All Rights Reserved.

USA: HISTORIA DEL DIA DE ACCION DE GRACIAS "THANKSGIVING DAY"


USA: HISTORIA DEL DIA DE ACCION DE GRACIAS "THANKSGIVING DAY"

El Día de Acción de Gracias (en inglés: «Thanksgiving», literalmente "dandogracias") es una celebración tradicional de Norteamérica (Excepto México).

En los Estados Unidos se celebra el cuarto jueves del mes de noviembre, aunque originalmente se hacía el último jueves.

En Canadá, por su parte, se celebra el segundo lunes de octubre. Constituye regularmente un gran festejo familiar, en el cual las personas se reúnen con sus parientes en torno a la mesa, realizando celebraciones tradicionales.

La fiesta está íntimamente relacionada con los primeros eventos de la colonización inglesa en el Nuevo Mundo. En 1620 un grupo de colonizadores cristianos, que posteriormente serían conocidos como peregrinos, viajó a América a bordo del barco Mayflower. Desembarcaron en el mes de noviembre, a fines del otoño septentrional, en la costa de Massachusetts (en la costa este de Estados Unidos) cumpliendo sus propósitos al establecer la Colonia de Plymouth. El riguroso invierno en esas latitudes les tomó por sorpresa, sin tener tiempo para prepararse para duras condiciones de privación y frío. Del centenar de peregrinos no sobrevivieron la mitad de ellos. Los que lo lograron, debieron su suerte a la ayuda y alimentos que los nativos de la zona, los indios Wampanoag, les proporcionaron.

En el otoño de 1621, ya establecidos y con la primera cosecha recolectada, los supervivientes decidieron compartir sus frutos con los indios que les ayudaron cuando ellos no tenían recursos. El gobernador de la colonia proclamó "un día de dar gracias al Señor para que podamos de una manera más especial regocijarnos después de haber recogido el fruto de nuestro trabajo".

Esa pacífica convivencia con los nativos duraría pocos años, ya que la masiva afluencia de colonos europeos y la ocupación creciente de los territorios de los indígenas les llevaría a enfrentamientos continuos. El resultado de tales confrontamientos fue la casi total exterminación de los indios Wampanoag. Tras la llamada guerra del Rey Philip en 1675, tan sólo sobrevivirían 400.

Aunque la tradición data de 1621 y se ha celebrado de una manera u otra desde entonces, la celebración como día de fiesta oficial es más reciente. En 1789, el primer presidente de los Estados Unidos, George Washington, proclamó la fecha como día nacional de Acción de Gracias. En 1863, Abraham Lincoln declaró que la celebración se realizara como fiesta nacional de los Estados Unidos. Sin embargo, no fue hasta 1941 que el Congreso Federal estableciera la fecha como fiesta oficial.

Thanksgiving Junto con el Día de la Independencia, el Día de Acción de Gracias es considerado por muchos como el día festivo favorito de los Estados Unidos, en su mayoría porque reúne a todos alrededor de la mesa para la cena; es en sí un tributo al origen del día festivo.

Un grupo de marinos en busca de fortunas partieron en el "Mayflower" desde Plymouth, Inglaterra, el día 6 de septiembre de 1620, junto con dos grupos de pasajeros. Estos pasajeros, hombres, mujeres y niños, fueron considerados "separatistas". Sesenta y seis días más tarde, se descubrió tierra cerca del Cabo Cod, Massachusetts, que también sería bautizado "Plymouth" por el Capitán John Smith.

El grupo se decidió por el área de Plymouth porque la tierra era rica en recursos y porque ofrecía un atractivo puerto. Pero el primer año fue desastroso, ya que no pudieron contar con muchos de esos recursos, y en consecuencia no les fue posible sobrellevar el primer invierno en el "Nuevo Mundo". Un grupo de Indoamericanos locales llegó para ayudar a los Peregrinos. Les enseñaron a los nuevos habitantes a plantar y cosechar comida y cultivos. Una vez llegado el invierno, los Peregrinos habían cultivado y preservado maíz, el cultivo más abundante, así como frutas y vegetales. Además, habían aprendido a empaquetar pescado en sal y curar carne ahumándola sobre las brasas.

Sabiendo que habían superado tantos infortunios, los Peregrinos encontraron una razón para celebrar el haber sobrevivido y las lecciones que se les habían enseñado. En 1621, el Gobernador William Bradford proclamó que el Día de Gracias se compartiera entre los Peregrinos y los Indoamericanos. Según la obra de Edward Winslow, "Diario de los Peregrinos de Plymouth" (del inglés "A Journal of the Pilgrims at Plymouth"), el festejo incluía en su mayoría aves de corral (pavo salvaje), reunidas por los colonos, y ciervos que fueron traídos por los Indios.

En noviembre de 1623, después de recolectar la cosecha, el gobernador de la colonia de peregrinos "Plymonth Plantation" en Plymonth, Massachusetts, declaró:

"Todos ustedes, peregrinos, con sus esposas e hijos, congréguense en la casa comunal, en la colina... para escuchar al pastor, y dar gracias a Dios todo poderoso por todas sus bendiciones."

Durante los tres días que duró la celebración comieron pavo, maíz, calabaza y carne de ciervo. Así fue el primer día de Acción de Gracias.

En los años siguientes, el congreso de los Estados Unidos proclamó en varias ocasiones el día de acción de gracias al todo poderoso. Finalmente, el 1° de noviembre de 1777 fue oficialmente declarado como día feriado:

De nuevo, el 1º de enero de 1795, el primer presidente, George Washington, escribió su famosa proclamación de acción de gracias, en la cual él dice que es…

"nuestro deber como personas con reverente devoción y agradecimiento, reconocer nuestras obligaciones al Dios todopoderoso, e implorarle que nos siga prosperando y confirmado las muchas bendiciones que de El experimentamos..."

El primer día nacional de Acción de Gracias fue celebrado por el presidente Lincoln en 1863 y proclamó que se celebraría todos los años de ahí en adelante. Durante 1941 el presidente Roosevelt y el congreso declararon oficialmente el cuarto jueves de noviembre como el día de Acción de Gracias.

El Presidente Abraham Lincoln designó el último jueves de noviembre para conmemorar el Día de Acción de Gracias. Pero en 1939, debido a que el comercio y la Navidad se volvieron una combinación muy popular, el Presidente Franklin Roosevelt cambió el día festivo al cuarto jueves de noviembre, para ampliar la distancia entre ambos día festivos. El Congreso lo aprobó en 1941.

La mayoría de personas en los Estados Unidos celebran esta fiesta con reuniones familiares en sus hogares donde preparan un banquete. En muchas casas es común ofrecer una oración de gracias. El plato principal tradicional para la cena es un gran pavo asado. Este pavo tradicionalmente va acompañado con un relleno hecho de pan de maíz y salvia. Se sirve tradicionalmente con una jalea o salsa de arándano rojo (en inglés "cranberry sauce"). Además suelen servirse platos de verduras como las judías verdes (green bean casserole), la batata dulce y el puré de patata con una salsa hecha del jugo del pavo, al igual que una multitud de postres, siendo el pastel de calabaza el más popular. También son populares el pastel de pacana y el de manzana.

Después de la cena, la diversión preferida es ver partidos de fútbol americano por la televisión y para otros echar una siesta. La mayoría de negocios y oficinas están cerrados en este día. Algunos almacenes, centros comerciales, restaurantes y bares permanecen abiertos. El viernes siguiente a la fiesta es tradicional la apertura de la temporada de compras navideñas. Este día se conoce como Viernes Negro. Almacenes y tiendas todos ofrecen precios de rebaja y mucha gente se reúne en los centros comerciales. El Día de Acción de Gracias se celebra el cuarto jueves de Noviembre.
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Autor: por Jhon Manuel Cáceres

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noviembre 25, 2015

Evangelio Noviembre 25, 2015

Día litúrgico: Miércoles XXXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 21,12-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». 

«Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas»
Rvdo. D. Manuel COCIÑA Abella - (Madrid, España)

Hoy ponemos atención en esta sentencia breve e incisiva de nuestro Señor, que se clava en el alma, y al herirla nos hace pensar: ¿por qué es tan importante la perseverancia?; ¿por qué Jesús hace depender la salvación del ejercicio de esta virtud?

Porque no es el discípulo más que el Maestro —«seréis odiados de todos por causa de mi nombre» (Lc 21,17)—, y si el Señor fue signo de contradicción, necesariamente lo seremos sus discípulos. El Reino de Dios lo arrebatarán los que se hacen violencia, los que luchan contra los enemigos del alma, los que pelean con bravura esa “bellísima guerra de paz y de amor”, como le gustaba decir a san Josemaría Escrivá, en que consiste la vida cristiana. No hay rosas sin espinas, y no es el camino hacia el Cielo un sendero sin dificultades. De ahí que sin la virtud cardinal de la fortaleza nuestras buenas intenciones terminarían siendo estériles. Y la perseverancia forma parte de la fortaleza. Nos empuja, en concreto, a tener las fuerzas suficientes para sobrellevar con alegría las contradicciones.

La perseverancia en grado sumo se da en la cruz. Por eso la perseverancia confiere libertad al otorgar la posesión de sí mismo mediante el amor. La promesa de Cristo es indefectible: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas» (Lc 21,19), y esto es así porque lo que nos salva es la Cruz. Es la fuerza del amor lo que nos da a cada uno la paciente y gozosa aceptación de la Voluntad de Dios, cuando ésta —como sucede en la Cruz— contraría en un primer momento a nuestra pobre voluntad humana.

Sólo en un primer momento, porque después se libera la desbordante energía de la perseverancia que nos lleva a comprender la difícil ciencia de la cruz. Por eso, la perseverancia engendra paciencia, que va mucho más allá de la simple resignación. Más aún, nada tiene que ver con actitudes estoicas. La paciencia contribuye decisivamente a entender que la Cruz, mucho antes que dolor, es esencialmente amor.

Quien entendió mejor que nadie esta verdad salvadora, nuestra Madre del Cielo, nos ayudará también a nosotros a comprenderla.
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Fuente: evangeli.net

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noviembre 24, 2015

Evangelio Noviembre 24, 2015

Día litúrgico: Martes XXXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 21,5-11): En aquel tiempo, como dijeran algunos acerca del Templo que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida».
Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?».


Él dijo: «Estad alerta, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato». Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo».

«No quedará piedra sobre piedra»
+ Rev. D. Antoni ORIOL i Tataret - (Vic, Barcelona, España)

Hoy escuchamos asombrados la severa advertencia del Señor: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida» (Lc 21,6). Estas palabras de Jesús se sitúan en las antípodas de una así denominada “cultura del progreso indefinido de la humanidad” o, si se prefiere, de unos cuantos cabecillas tecnocientíficos y políticomilitares de la especie humana, en imparable evolución.

¿Desde dónde? ¿Hasta dónde? Esto nadie lo sabe ni lo puede saber, a excepción, en último término, de una supuesta materia eterna que niega a Dios usurpándole los atributos. ¡Cómo intentan hacernos comulgar con ruedas de molino los que rechazan comulgar con la finitud y precariedad que son propias de la condición humana!

Nosotros, discípulos del Hijo de Dios hecho hombre, de Jesús, escuchamos sus palabras y, haciéndolas muy nuestras, las meditamos. He aquí que nos dice: «Estad alerta, no os dejéis engañar» (Lc 21,8). Nos lo dice Aquel que ha venido a dar testimonio de la verdad, afirmando que aquellos que son de la verdad escuchan su voz.

Y he aquí también que nos asevera: «El fin no es inmediato» (Lc 21,9). Lo cual quiere decir, por un lado, que disponemos de un tiempo de salvación y que nos conviene aprovecharlo; y, por otro, que, en cualquier caso, vendrá el fin. Sí, Jesús, vendrá «a juzgar a los vivos y a los muertos», tal como profesamos en el Credo.

Lectores de Contemplar el Evangelio de hoy, queridos hermanos y amigos: unos versículos más adelante del fragmento que ahora comento, Jesús nos estimula y consuela con estas otras palabras que, en su nombre, os repito: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestra vida» (Lc 21,19).

Nosotros, dándole cordial resonancia, con la energía de un himno cristiano de Cataluña, nos exhortamos los unos a los otros: «¡Perseveremos, que con la mano ya tocamos la cima!».
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Fuente: evangeli.net

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noviembre 23, 2015

Evangelio Noviembre 23, 2015

Día litúrgico: Lunes XXXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 21,1-4): En aquel tiempo, alzando la mirada, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir».

«Ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir»
Rev. D. Àngel Eugeni PÉREZ i Sánchez - (Barcelona, España)

Hoy, como casi siempre, las cosas pequeñas pasan desapercibidas: limosnas pequeñas, sacrificios pequeños, oraciones pequeñas (jaculatorias); pero lo que aparece como pequeño y sin importancia muchas veces constituye la urdimbre y también el acabado de las obras maestras: tanto de las grandes obras de arte como de la obra máxima de la santidad personal.

Por el hecho de pasar desapercibidas esas cosas pequeñas, su rectitud de intención está garantizada: no buscamos con ellas el reconocimiento de los demás ni la gloria humana. Sólo Dios las descubrirá en nuestro corazón, como sólo Jesús se percató de la generosidad de la viuda. Es más que seguro que la pobre mujer no hizo anunciar su gesto con un toque de trompetas, y hasta es posible que pasara bastante vergüenza y se sintiera ridícula ante la mirada de los ricos, que echaban grandes donativos en el cepillo del templo y hacían alarde de ello. Sin embargo, su generosidad, que le llevó a sacar fuerzas de flaqueza en medio de su indigencia, mereció el elogio del Señor, que ve el corazón de las personas: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir» (Lc 21,3-4).

La generosidad de la viuda pobre es una buena lección para nosotros, los discípulos de Cristo. Podemos dar muchas cosas, como los ricos «que echaban sus donativos en el arca del Tesoro» (Lc 21,1), pero nada de eso tendrá valor si solamente damos “de lo que nos sobra”, sin amor y sin espíritu de generosidad, sin ofrecernos a nosotros mismos. Dice san Agustín: «Ellos ponían sus miradas en las grandes ofrendas de los ricos, alabándolos por ello. Aunque luego vieron a la viuda, ¿cuántos vieron aquellas dos monedas?... Ella echó todo lo que poseía. Mucho tenía, pues tenía a Dios en su corazón. Es más tener a Dios en el alma que oro en el arca». Bien cierto: si somos generosos con Dios, Él lo será más con nosotros.
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Fuente: evangeli.net

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